Ciberviolencia contra la mujer: identificar para denunciar

| February 14, 2020 | Artículos

modasustne

¿Acoso por whatsapp? ¿Amenazas o extorsiones en redes sociales? ¿Chistes sexistas en internet? ¿Comentarios con estereotipos de género? La violencia contra la mujer encuentra en las nuevas tecnologías un escenario adicional para materializarse; los mismos patrones de violencia que se observan en la calle o en la vida real, tiene su correlato en entornos virtuales. Esta realidad se potencia con el alcance de internet, considerado un derecho humano y básico. 

Para empezar a resolver el tema lo primero que necesitamos las mujeres es identificar el espectro de conductas consideradas violentas.

Un relevamiento efectuado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) basado en informes internacionales de varios organismos comprometidos con la problemática a nivel global, nos ofrece un mapeo de los tipos de violencia contra la mujer en los medios digitales. El mismo no intenta ser exhaustivo pero ayuda a identificar la violencia y ponerle nombre.

– Ataques a canales de comunicación: llevar a cabo tácticas o acciones deliberadas con el propósito de poner fuera de circulación los medios de comunicación de una persona o grupo.

– Amenazas: discurso (escrito, oral, en imágenes o de otro tipo) de contenido violento, sexual, agresivo o amenazante, que expresa la intención de producir daño a la víctima, o al grupo social del que es parte, su familia, amigos o bienes. 

– Control y manipulación de información: recopilar o robar información de modo que pueda implicar una pérdida de control sobre esta, o realizar cualquier otro intento no autorizado de modificarla.

– Extorsión: forzar a la víctima a actuar según la voluntad del perpetrador, por medio de amenazas, intimidación y chantaje, con el propósito de obtener un beneficio económico o de otro tipo.

– Vigilancia o rastreo: vigilar o monitorear actividades y comportamientos de la víctima con el objetivo de obtener diferentes tipos de información.

– Discursos discriminatorios: propagar discursos que reflejan patrones discriminatorios, denigrantes y de menosprecio hacia las mujeres y grupos de personas LGBTI.

Doxing: compartir información privada, sea o no de contenido íntimo o sexual, o publicar cualquier tipo de información, datos o detalles privados de la víctima. 

– Suplantación de actividad: usar o falsificar la identidad de la víctima sin su consentimiento, con el propósito de acceder a su información privada, avergonzarla, contactarse con terceros o crear documentos fraudulentos.

– Difamación: difamar, quebrantar la credibilidad, la carrera profesional o la imagen pública de una persona, grupo o iniciativa, por medio de la propagación de información falsa, manipulada o fuera de contexto. 

– Acoso: contactar de manera continua a la víctima, molestarla, amenazarla o asustarla.

– Piratería informática o acceso sin autorización: acceder ilegalmente o sin autorización a cuentas o dispositivos personales, con el propósito de adquirir información personal, alterar o modificar información, o calumniar o denigrar a la víctima.

– Abuso sexual y explotación: ejercer poder sobre la víctima, con base en la explotación de imágenes con connotación sexual, en contra de su voluntad. 

– Omisiones por parte de actores intermediarios: negligencia, falta de interés, de reconocimiento o de acción por parte de actores como las autoridades, intermediarios de Internet, plataformas en que ocurren los episodios de violencia e instituciones que pueden establecer regulaciones y resolver o penalizar las conductas de acoso cibernético.

En respuesta a esto, algunas organizaciones de mujeres y feministas, así como empresas privadas, han desarrollado aplicaciones relacionadas con la seguridad de las mujeres, como las que permiten mapear la ocurrencia del acoso callejero y otras formas de violencia a través del informe de la propia víctima u ofrecer servicios de taxi exclusivos para mujeres, de lo que son ejemplo las aplicaciones Sara (Argentina) y Pinkcar (Chile).

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