Patentar o no patentar, esa es la pregunta

| January 14, 2020 | Artículos

Una patente es una nueva solución técnica a un problema concreto.

Una patente concedida brinda a su titular el derecho exclusivo que excluye a terceros de fabricar, importar, exportar o en definitiva, obtener beneficios económicos de la invención registrada. Esto tiene validez durante un período acotado de tiempo, normalmente de 20 años desde la fecha de la presentación de la solicitud.

El proceso para conseguir una patente es lento (4 a 8 años) y costoso: hay que pagar aranceles a la Oficina de Patentes y honorarios a los especialistas (Agentes de la Propiedad Industrial) encargados de su redacción y seguimiento. Además, se tienen que cumplir varios requisitos técnicos. El principal requisito es que la solución técnica para resolver el problema planteado en el documento sea novedosa a nivel mundial. A su vez, dicha solución no puede ser algo obvio para un conocedor medio en el tema técnico.. Esto se conoce como actividad o altura inventiva.

En cuanto al trámite de la patente, una vez presentada se mantiene confidencial durante 18 meses, y luego se publica. Es decir que cualquiera puede pedir una copia y bajarla a través de internet, o en otras palabras, cualquiera puede enterarse de la solución planteada en el documento para resolver el problema técnico previsto.

Entonces, ¿vale la pena cubrir el costo económico que implica presentar una solicitud de patentes para que luego de 18 meses (y es así en todo el mundo) se publique en internet?, ¿vale la pena pagar todos los años la tasa de “mantenimiento o anualidad”, que es creciente, para que la vigencia se mantenga?

Alternativas Posibles

¿Hay alternativas posibles al patentamiento?

Sí, y se llama “secreto industrial” y es una buena solución en la medida que el secreto se mantenga. Es decir, que no hay que presentar ninguna solicitud, ni pagar tasas ni honorarios a terceros, ni tampoco se publica. Esto es bueno mientras el secreto se mantenga, y ahí se pierden las ventajas: no se tienen derechos de ningún tipo y no hay de donde aferrarse para protestar luego. Uno puede haber hecho firmar contratos de confidencialidad a los empleados o a los proveedores, pero si el secreto se perdió, no hay ningún dispositivo legal que nos ampare.

Bien, ¡no hago nada! ni patento ni trato de armar un secreto industrial, ¿cuál es el problema?

Ninguno… Hasta que un tercero haga “ingeniería inversa”, término formal y correcto que significa en la práctica que “me dieron vuelta al producto”, es decir que lo estudiaron, analizaron, desarmaron y se dieron cuenta de cómo estaba hecho. Ergo, de ahí en más, tengo un nuevo competidor, que, si sus espaldas económicas son mayores que las mías, casi seguro que voy a tener problemas en poco tiempo. Y es más, al no haber una patente sobre la solución planteada para resolver el problema, en una de esas, el nuevo competidor presenta una solicitud de patente y me entero cuando su abogado me notifica que estoy afectando sus derechos. Tengo entonces más problemas que antes. Obviamente podré iniciar una demanda porque su producto no era novedoso, pero para eso hay que demostrarlo judicialmente, y en tanto él tiene los derechos, yo tendré que pagar abogados, tasas por inicio de juicio, honorarios, etc. Y más problemas todavía…

Volviendo al patentamiento

Y si lo hubiese patentado de entrada, ¿qué hubiese pasado?

Para empezar, realizar como mínimo una búsqueda de antecedentes en bases de datos de patentes para evaluar la novedad y altura inventiva de mi invención, pagar honorarios para elaborar la documentación, tasas de la oficina de patentes, etc. Y si a uno le va bien, en algunos años se le concede la patente.

¿Y si durante dicho proceso alguien me copia, que puedo hacer?

“Marcar la cancha”, como se dice habitualmente en Argentina, o sea, marcar los límites y avisarle al supuesto infractor que se abstenga de fabricar, importar o comercializar el producto por tener una patente sobre el mismo (en realidad, nadie dice “que tiene una patente en trámite”). De esta manera, si la patente es concedida hay más argumentos legales para actuar, ahora sí, contra el infractor. Con esto quiero expresar que el tener una patente concedida no asegura que no la vayan a copiar. Si lo mío es un producto o proceso innovador y con demanda en el mercado, es altamente probable que un tercero se quiera aprovechar de mi capacidad y obtener beneficios económicos. Y aquí surge la importancia de patentar lo que uno considera que se trata de un producto o un proceso innovador. Una patente es un título que el Estado le otorga a su titular y que excluye a los terceros de obtener beneficios económicos con su invención durante 20 años desde la fecha de presentación de la solicitud. Inclusive, el tener el derecho, es una oportunidad para otorgar licencias exclusivas o no a terceros, cruzar licencias con otras empresas, y en definitiva generar nuevos negocios.

Si se solicita una patente en el mercado donde uno tiene oportunidad de comercializar su invención, hay que estar decidido (y también tener los recursos necesarios) a actuar legalmente contra los que infringen la patente.

Y para ir cerrando, puedo afirmar que presentar una solicitud de patente tiene un costo, pero no presentarla tiene un riesgo, y tal vez un costo todavía más alto.

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